P. Jorge García Cuerva
Obispo de Río Gallegos

2021-05-24 Carta Pastoral "Con San José, una Iglesia que sueña con los pies en la tierra".  A 60 años de la creación de la diócesis de Río Gallegos [1] (*)

(Carta para descargar: PDF A4 - PDF Cuadernillo doble faz

  Introducción: Con San José, nos animamos a soñar a lo  grande 

   I.   El primer sueño diocesano: Familia

   II.  El segundo sueño diocesano: Evangelización y misión

   III. El tercer sueño diocesano: una Espiritualidad encarnada y transformadora 

   IV. Un sueño más 

   Conclusión

   Oración

Lámina de San José, modelo de humildad [2]

 

(*) A PIE DE PÁGINA: MATERIALES para la reflexión de la Carta y VIDEOS de presentación del Obispo a distintos agentes pastorales de la Diócesis. Y ARTÍCULOS DE PRENSA sobre la misma.

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Carta Pastoral 2021

"Con San José,

una Iglesia que sueña con los pies en la tierra"

A 60 años de la creación de la diócesis de Río Gallegos [1]

Fiesta de María Auxiliadora, 24 de Mayo de 2021

 

 

Introducción: Con San José, nos animamos a soñar a lo grande.

 

Contigo, los sueños son posibles,

los tesoros infinitos,

el amor eterno.

José María R. OLAIZOLA , sj

 

            Estamos celebrando el Año de San José, al que nos convocó el Papa Francisco el 8 de diciembre del año pasado con su Carta apostólica “Con corazón de padre”. Allí el Santo Padre nos recuerda que todos pueden encontrar en San José, el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta, un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. Lo presenta como una figura extraordinaria, y a la vez tan cercana a nuestra condición humana.[3]

            San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. Por eso el Papa, retomando su mensaje del 27 de marzo del año 2020 cuando se dirigió al mundo desde una solitaria e impresionante plaza de San Pedro, nos decía que En este tiempo de pandemia, hemos experimentado que nuestras vidas se han visto sostenidas por personas comunes: médicos, enfermeros y enfermeras, voluntarios en los comedores y en Cáritas, encargados de reponer los productos en los supermercados, transportistas, fuerzas de seguridad, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. […] Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad.[4]

            Y el IV domingo de Pascua, domingo del Buen Pastor, los volvíamos a hacer presentes en la misa que presidí en Río Gallegos; allí expresé: Pensaba, en este tiempo de pandemia, ¿Cuántos fueron los pastores que nos han dado testimonio con su vida de lo que es precisamente dar la vida, de lo que es descubrir que el otro es mi hermano por el que me tengo que jugar? Y por supuesto que es una lista interminable de buenos pastores que nos siguen sosteniendo en este tiempo tan difícil. Pero pensaba recordar el personal médico, todo el personal de la salud, los enfermeros, la gente que trabaja en los hospitales, desde los que están en la limpieza, los que están en el área administrativa...

Pensaba en el personal de seguridad, pensaba en los repositores de supermercados, en los que trabajan en las cajas, en contacto constantemente con gente...

Pensaba también en los que vacunan en este tiempo y que generan tanta esperanza en nuestra gente. Pensaba en los voluntarios de Cáritas, en los sacerdotes, en las religiosas... En cuántos catequistas, laicos, en cuántos docentes, cuántos maestros...

Pensaba en la gente que recolecta la basura que sacamos todos los días a la calle. Pensaba en la gente que trabaja también en las empresas funerarias y en los cementerios. Cuánta gente que hace bien su tarea. Y esto de hacer bien la tarea, y mucho más en tiempos tan complicados de pandemia, nos habla de gente que está dando la vida porque está poniendo todo por el otro, se está desviviendo para que podamos enfrentar juntos esta situación (…)[5]

            San Mateo, en su evangelio nos relata cuatro sueños de San José; en el primero de ellos, el Ángel lo ayuda a resolver el dilema que se le presentaba por el embarazo incomprensible de María; en el segundo, el Ángel le pide salvar la vida del Niño huyendo a Egipto. En el siguiente, el Ángel le pide que regrese a Israel porque Herodes había muerto. Y en el cuarto, el Ángel le advierte que vaya a la región de Galilea porque Arquelao reinaba Judea. [6]

            José, el hombre de los sueños…

            Los sueños nos impulsan hacia adelante, nos dan energías, y son luz en la oscuridad de la vida. Soñar es animarnos a recuperar los ideales.

            La diócesis cumple 60 años; hacemos memoria agradecida por quienes soñaron en estos años y entregaron su vida por llevarlos adelante y concretarlos. Todo el pueblo de Dios peregrino en las provincias de Santa Cruz y Tierra del Fuego, sus laicos, sus obispos, sus sacerdotes, sus religiosas y religiosos, sus diáconos permanentes; cuánta historia, cuánto camino recorrido, cuántos sueños cumplidos, cuántos por cumplir…

            En esta memoria agradecida, no podemos dejar de hacer presente los sueños de Don Bosco que inspiraron su vocación y la de su gran obra salesiana. La historia nos recuerda que ya fue marcado por un sueño a los 9 años; en ese sueño Jesús le encomendaba el cuidado de los niños y jóvenes con amor y ternura, nunca con violencia.[7]

            Somos herederos de una historia de soñadores, de evangelizadores audaces que anunciaron la Buena Noticia en nuestras tierras patagónicas con creatividad y pasión. Dice el dicho popular, De tal palo, tal astilla. Por eso los invito a soñar, y ser una Iglesia diocesana que sueña a lo grande, pero con los pies en la tierra.

            Monseñor Miguel Ángel D´Annibale convocó a la última Asamblea de la diócesis de Río Gallegos, que se realizó los días 7 y 8 de octubre de 2017. Allí quedaron plasmados los sueños diocesanos a los que se llamó orientaciones pastorales. Quedaron sintetizados en tres ideas: Familia, Evangelización y Misión, y Espiritualidad.

            Parecen sueños muy amplios, difíciles de concretar, pero a la vez, son horizontes que nos animan a seguir caminando para ser una verdadera Iglesia Familia; para ser una Iglesia misionera, en salida; y para tener una espiritualidad encarnada y transformadora de la realidad.

            Decía Hélder Cámara, obispo brasileño, Sueño que se sueña solo es pura ilusión, sueño que se sueña juntos es señal de realización. De la mano de San José, queremos recorrer la aventura de soñar. En los sueños, Dios le revelaba el camino a seguir; en nuestros sueños seguramente Dios también nos irá revelando el camino diocesano.

            Creo que en San José podemos renovarnos en estos sueños, que en tiempos de pandemia, necesitan ser actualizados, adaptados, porque como escribió Albert Camus, “la religión de tiempos de peste, no puede ser la religión de todos los días”.[8]

 

 

1. El primero de los sueños diocesanos: Familia.

 

Con la razón al borde del abismo

Siguieron empeñados en soñar

Alrededor del fuego, una comunidad.

AGARRATE CATALINA, Alrededor del fuego

 

            San José era un hombre de familia, acompañando y cuidando la vida frágil. En sueños, el Ángel le dice: “toma al Niño y a su Madre”.[9] Imaginemos la delicadeza con la que José levantaría de la cuna al Niño, con la que abrazaría a María para ayudarla a ponerse de pie y subir a la montura del animal que los trasladaría. Pensemos en José recogiendo con cuidado las poquitas cosas que tenían; algunas mantas para cubrir al bebé; un poco de ropa, algunos alimentos, y por qué no, las maderas de la cuna que sus manos laboriosas habían fabricado con cariño. Cuidar la vida frágil y recibir la vida como viene dejando de lado moralismos endurecidos, abriéndonos a la ternura de Dios con gestos concretos hacia los que sufren.  Abrazar, proteger, defender toda vida y todas las vidas, sin excluidos ni descartables, pero también sin apropiarnos de la vida de nadie. Acompañar la vida de nuestras comunidades, de las familias de nuestras localidades y barrios, siempre con un corazón maternal que tenga en cuenta especialmente a los más pobres, a los que sufren, a los enfermos, a los que están solos.

            San José era un hombre de familia; animador de la pequeña comunidad que formaba con María y Jesús; no se imponía, no se consideraba el más importante.

            Cada una de nuestras comunidades y colegios es una familia, donde todos somos hermanos, hijos del mismo Padre celestial, miembros de la familia de Dios que es la Iglesia.

            Benedicto XVI lo decía así: La familia de Dios se construye en la realidad concreta de la Iglesia. La adopción como hijos de Dios, del Dios trinitario, es a la vez incorporación a la familia de la Iglesia, inserción como hermanos y hermanas en la gran familia de los cristianos. Y sólo podemos decir "Padre nuestro", dirigiéndonos a nuestro Padre celestial, si en cuanto hijos de Dios nos insertamos como hermanos y hermanas en la realidad de la Iglesia. Esta oración supone siempre el "nosotros" de la familia de Dios[10]

            En la misa crismal de este año, que pudimos celebrar en los tres decanatos de la diócesis, recordaba palabras de Francisco donde define al clericalismo como una verdadera plaga, el peor mal que puede tener hoy la Iglesia.[11]

            ¿Y qué es el clericalismo? El Papa lo dice claramente: Queridos hermanos, huyan del clericalismo, decir no a los abusos, sean de poder o de cualquier otro tipo, significa decir no con fuerza a todo tipo de clericalismo. [12] Un párroco sin Consejo pastoral corre el riesgo de llevar la parroquia adelante con un estilo clerical, y debemos extirpar el clericalismo de la Iglesia   El clericalismo hace mal, no deja crecer a la parroquia, no deja crecer a los laicos. El clericalismo confunde la figura del párroco, porque no se sabe si es un cura, un sacerdote o un patrón de empresa, ¿no?[13]

            Es decir, para poder ser verdadera familia, tenemos que vencer el clericalismo que cada uno de nosotros lleva adentro; el creer que el sacerdote es el que manda, el que sabe, el que decide sólo. Pero también el Papa nos alerta sobre una “elite laical” creyendo que son laicos comprometidos solo aquellos que trabajan en cosas “de los curas”, o los que están hace años en las parroquias, o los que tienen mucha formación, y hemos olvidado y descuidado al creyente sencillo que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe.[14] [15]

            Ser familia diocesana es trabajar unidos, con los diferentes carismas, tomando conciencia que todos somos hermanos, que caminamos juntos, es decir, sinodalmente; aprovechando instancias ya previstas en la legislación como el consejo parroquial de pastoral y el consejo de asuntos económicos que no pueden faltar en nuestras parroquias. Pero también tenemos que pensar en otras instancias de reflexión pastoral y de toma de decisiones con creatividad: reuniones de comunidad, equipos de animación, espacios consultivos, juntas pastorales. Incluso en nuestros colegios, donde corremos riesgo también de clericalizar la misión de los sacerdotes o religiosas, poniéndolos en un lugar de cuasi dueños, que solitariamente toma decisiones desde importantes escritorios.

            En la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, Francisco reflexionaba sobre esta situación general que aqueja a la Iglesia y que no nos permite vivir verdaderamente como Familia: Se cuenta con un numeroso laicado, aunque no suficiente, con arraigado sentido de comunidad y una gran fidelidad en el compromiso de la caridad, la catequesis, la celebración de la fe. Pero la toma de conciencia de esta responsabilidad laical que nace del Bautismo y de la Confirmación no se manifiesta de la misma manera en todas partes. En algunos casos porque no se formaron para asumir responsabilidades importantes, en otros por no encontrar espacio en sus Iglesias particulares para poder expresarse y actuar, a raíz de un excesivo clericalismo que los mantiene al margen de las decisiones.[16]

En esta misma línea, Francisco acaba de instituir el ministerio del catequista; así se promueve aún más la formación y el compromiso de los laicos. Pero también el Papa advierte claramente sobre el peligro de que la definición del perfil del ministerio del catequista lleve a una nueva forma de clericalización.[17]

            En nuestra diócesis el número de sacerdotes ordenados es escaso; creo que esta realidad difícil es, a la vez, una oportunidad que nos debe movilizar a revalorizar nuestro sacerdocio bautismal; a reflexionar sobre un nuevo modo de animación de las comunidades desterrando de nosotros todo clericalismo. Tenemos que darle verdadera importancia a los encuentros de las comunidades en torno a la Palabra de Dios que ilumina nuestra vida cotidiana; y repensar el modo de toma de decisiones pastorales.[18]

            Es decir, queremos caminar sinodalmente, caminar juntos, como familia. Ni los sacerdotes, ni las religiosas tenemos todas las respuestas ni el monopolio de las soluciones. Al contrario, tenemos que estar al lado de nuestra gente, acompañándolos en sus búsquedas y estimulando esta imaginación capaz de responder a la problemática actual.

            A soñar entonces!... con una Iglesia, como dice la oración por los 60 años de la diócesis, con animadores de comunidades que comparten la vida cotidiana con el pueblo, una iglesia lugar de encuentro, casa de fraternidad.

 

2. El segundo de los sueños diocesanos: Evangelización y misión.       

Me llamaste para que fuera testigo...

soy débil, soy pobre y con temor.

Tú me dices: "¡No temas!... mi amor te ungió;

no es tuyo lo que llevas... apura la marcha...

te basta mi Palabra... lo demás es ilusión"

Beato Enrique ANGELELLI, Aniversario de una unción

 

            San José es un laico en salida, un buscador misionero. El Ángel en los sueños continúa diciéndole que se ponga en camino, a través de distintos verbos: “huye”, “regresa”, “retírate”.[19]

            Expresan movimientos, expresan acción. Hacen de José un peregrino, un caminante, un misionero, un “callejero de la fe”, en medio de las dificultades. Que también a nosotros el Ángel nos anime a la misión, a ser discípulos de corazón inquieto como San José.

            En nuestras comunidades tenemos que pasar de una pastoral de mera conservación que vive de recuerdos a una pastoral decididamente misionera. El proyecto pastoral de la diócesis tiene que estar marcado por este deseo profundo de anunciar el Evangelio con creatividad y audacia en todos los lugares, especialmente en las realidades más difíciles.

            A pocos días de ser elegido Papa, Francisco le recordaba a los obispos argentinos: Que toda la pastoral sea en clave misionera. Debemos salir de nosotros mismos hacia todas las periferias existenciales y crecer en parresia. Una Iglesia que no sale, a la corta o a la larga se enferma en la atmósfera viciada de su encierro. Es verdad también que a una Iglesia que sale le puede pasar lo que a cualquier persona que sale a la calle: tener un accidente. Ante esta alternativa, les quiero decir francamente que prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma. La enfermedad típica de la Iglesia encerrada es la autorreferencialidad; mirarse a sí misma, estar encorvada sobre sí misma como aquella mujer del Evangelio. Es una especie de narcisismo que nos conduce a la mundanidad espiritual y al clericalismo sofisticado, y luego nos impide experimentar «la dulce y confortadora alegría de evangelizar.[20]

            Tenemos entonces que salir de nosotros mismos, de la comodidad y seguridad que pueden darnos nuestros templos y salones parroquiales, y lanzarnos con valentía a la misión de toda la Iglesia, porque si creemos que conocer a Jesús es lo mejor que nos pasó en la vida, no podemos sino darlo a conocer, porque Él es el rostro de la misericordia del Padre. Estamos llamados a ser misioneros misericordiados,[21] que quieren anunciar, desde la propia experiencia de haber recibido el abrazo del perdón, que Dios nos ama a todos y que no hace acepción de personas.[22]

            El Evangelio no es para algunos sino para todos. No es sólo para los que nos parecen más cercanos o más buenos. Es para todos. No podemos tener miedo de ir y proclamar la Buena Noticia a cualquier ambiente; no podemos dejar que nos venza la comodidad y el quietismo.

            Francisco tiene palabras contundentes sobre la misión: la Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo.[23]

            Cuando nos quejamos de que somos pocos, que nadie viene a la parroquia, que siempre somos los mismos, ¿no deberíamos pensar si hemos perdido el ardor misionero, si dejamos enfriar las ganas de anunciar a Jesús de manera renovada y creativa en nuestras localidades, en nuestros barrios, en la realidad cotidiana?

            La pastoral de las comunidades parroquiales, la pastoral educativa, la pastoral social, la catequesis, Cáritas, toda la pastoral diocesana, tiene que ser pensada en clave misionera.

            Muchos de nosotros venimos de otras provincias; muchos de países hermanos; hemos dejado familia, trabajo, seguridades; y nos lanzamos a la aventura de seguir la corazonada de que aquí íbamos a poder recomenzar.  La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo porque se trata de  salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las realidades, experimentando la vulnerabilidad, la necesidad del otro, la soledad, la fragilidad, que nos debe despertar más deseos de ser Pueblo peregrino que quiere compartir con todos la alegría del Evangelio.

            Albert Camus escribía en su obra La Peste, cuando la epidemia estaba terminando, que, aquellos brazos que se anudaban estaban demostrando que la peste había sido exilio y separación en el más profundo sentido de la palabra.[24]

            Tantos exilios personales y comunitarios, tantas partidas, tantas ausencias y despedidas; que esta experiencia profunda en medio de la pandemia, nos lance a buscarnos y reconocernos, a salir al encuentro del hermano, a anunciar que Dios está vivo y es Padre de todos, y a celebrarlo juntos como pueblo.

3. El tercer sueño diocesano: una espiritualidad encarnada y transformadora

           

 Ilumina nuestro amor para que sea incondicional y hasta el extremo como el tuyo.

Ilumina nuestro soñar para despertar contigo.

Ilumina nuestra música para cantar con los demás

Ilumina nuestras heridas para regarlas desde tu manantial.

Ilumina nuestros carismas y nuestras espiritualidades, para que sean plenitud de vida.

Marcos ALEMAN, sj, Para resucitar con vos

 

            San José vivió una espiritualidad de los sueños, de los ideales. Es importante en primer lugar ponernos de acuerdo a qué nos referimos con el concepto de espiritualidad; el Papa Francisco en la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium plantea que cuando se dice que algo tiene espíritu esto suele indicar unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria.[25]  La espiritualidad no es una suma de prácticas de piedad, sino que tiene que ver con la acción del Espíritu Santo en nuestra vida, que nos infunde la fuerza para anunciar y vivir la novedad del Evangelio con audacia, sin miedo, sin asco, sin demora. Una espiritualidad de comunión, que nos despierte el gusto espiritual de ser pueblo, de estar cerca de la vida de la gente, de compartir sus alegrías y tristezas; una espiritualidad misionera, que desde la vida cotidiana nos impulse a ser discípulos misioneros de Jesús en el mundo de hoy atravesado por la incertidumbre y la angustia en tiempos de pandemia.

            San José no decayó; su vida parecía una suma de problemas, pero no dejó de confiar en Dios, que le hablaba al corazón. Los sueños lo ponían de pie y en marcha, en medio de las dificultades y temores; en medio de las amenazas. Tenía un corazón abierto a la voz de Dios que no abandona.

            Una espiritualidad que nos transforme constantemente, que nos inquiete en el corazón y que alimentemos constantemente en el encuentro con el Señor en la Eucaristía, en la Palabra y en la oración.

            Sugiero pensar la espiritualidad con la imagen de la música; que cada uno elija el tema que más le guste, que imagine toda su casa, toda la ciudad, toda su vida, al ritmo de esa música que todo lo penetra y que nos transporta, que toca nuestras fibras más profundas. Así quiere ser el Espíritu de Dios que nos abarca completamente y nos motiva, nos alienta y nos hace sus testigos.

            Una vez más el Papa Francisco lo expresa bellamente cuando dice:

            Si la música del evangelio deja de vibrar en nuestras entrañas, habremos perdido la alegría que brota de la compasión, la ternura que nace de la confianza, la capacidad de reconciliación que encuentra su fuente en sabernos siempre perdonados-enviados. 

            Si la música del evangelio deja de sonar en nuestras casas, en nuestras plazas, en los trabajos, en la política y en la economía, habremos apagado la melodía que nos desafiaba a luchar por la dignidad de todo hombre y mujer, sea cual sea su proveniencia, encerrándonos en “lo mío”, olvidándonos de “lo nuestro”: la casa común que nos atañe a todos.[26]

 

4. Un sueño más…

            Y que a punto de caer

de nuevo repito el intento

de gritarle a los vientos

que no existen los sueños

imposibles de soñar!

AGARRATE CATALINA, Los sueños imposibles

 

            San José, según nos relata San Mateo, tuvo cuatro sueños. La diócesis, hace algunos años se planteó tres orientaciones pastorales, a las que en esta carta pastoral, las hemos querido renovar y enmarcar en el año de San José como 3 sueños que nos movilizan y animan a seguir siendo discípulos misioneros de Jesucristo en Santa Cruz y Tierra del Fuego.

            Pero si San José tuvo cuatro sueños, les propongo que cada comunidad, cada colegio, cada pastoral diocesana, pueda elaborar “su” cuarto sueño, muy en sintonía con los tres anteriores, es decir, sintiéndonos familia diocesana, misionera y con una espiritualidad encarnada.

            Que con creatividad y audacia, puedan poner en palabras ese sueño, y comenzar a caminar hacia él, porque como San José, somos una iglesia que sueña, pero con los pies en la tierra.

 

Algunos criterios de discernimiento para nuestros sueños:

  1. Los sueños son de Dios si nos animan a la comunión, a no cortarnos solos y hacer “mi” proyecto personal, sino a unirnos como hermanos, más allá de las diferencias lógicas que existen entre nosotros. Los sueños de José involucran a su familia, lo animan a una profunda comunión de amor con María y el Niño Jesús.

  2. Los sueños son de Dios si nos ponen en movimiento, en acción, en estado de misión. A José lo desinstalan, lo movilizan, lo hacen andar.

  3. Los sueños son de Dios si me comprometen cada vez más con la realidad. Si no me llevan a una piedad individualista que me aleja de lo que pasa y de los hermanos. A José lo comprometen con su tiempo, con la realidad social y política de la época.

  4. Los sueños son de Dios si en el centro está el amor, sueños que nos plenifican, que nos llenan la vida de amor para dar, y así hacen mucho bien a los demás. Dice Francisco: si pidiéramos a la gente que expresara en una sola palabra el sueño de su vida, no sería difícil imaginar la respuesta: “amor”. Es el amor el que da sentido a la vida, porque revela su misterio. La vida, en efecto, sólo se tiene si se da, sólo se posee verdaderamente si se entrega plenamente. San José tiene mucho que decirnos a este respecto porque, a través de los sueños que Dios le inspiró, hizo de su existencia un don.[27]

 

 

Conclusión

Soñar que encuentro los abrazos que me sostendrán

y que juntos compartimos la felicidad

y el frio y el viento y el fuego y el vino,

                                   la luna, los hijos y el tibio pan. 

AGARRATE CATALINA, Los sueños imposibles

 

            Como San José, somos gente sencilla que sueña; que la pelea todos los días; que a veces no sabe qué hacer ni cómo seguir en este contexto de pandemia; pero, que a pesar de las dificultades cotidianas, seguimos adelante.

            Como San José nos sentimos parte de un pueblo creyente y peregrino; buscadores de justicia, de paz, de bienestar para la familia, de educación de calidad, especialmente para los niños y jóvenes más pobres, y de esa dignidad que sólo da el trabajo.

            Como San José, queremos seguir cuidando la vida frágil; queremos ponernos la Patria al hombro, y en este tiempo de pandemia, dar lo mejor de nosotros,  ser más solidarios y comprometidos que nunca.

            Estamos conociendo tanta gente que está dando la vida porque está poniendo todo por el otro, gente que se está desviviendo para que podamos enfrentar juntos esta situación.

            Son los José sencillos de la pandemia, ¡gracias por su testimonio!

 

 

Mons. Jorge Ignacio García Cuerva

Obispo diocesano

24 de mayo de 2021

 

Para reflexionar y compartir:

  1. Propongo una primera lectura detenida de la Carta Pastoral en comunidad, en grupo, o de modo personal. (En este tiempo de pandemia, será muy importante el uso de las redes sociales y los modos virtuales de convocatoria).

  2. Luego los invito a ir reflexionando de manera más detallada un sueño a la vez, confrontando siempre la lectura con la realidad de nuestras comunidades, de nuestras parroquias, de nuestra Iglesia diocesana.

  3. Elaborar comunitariamente el “cuarto sueño” a partir de los distintos criterios de discernimiento que están propuestos.

  4. Agradeciendo la vida de la diócesis de Río Gallegos en estos 60 años, nos planteamos y rezamos cómo concretar en el presente y el futuro los sueños que hemos reflexionado y compartido.

  5. Sugiero también volver a ver y reflexionar el mensaje que el Papa Francisco envió a la diócesis el 10 de abril pasado en ocasión de los 60 años. (Se puede acceder a él en las redes sociales).

  6. Sugiero que me hagan llegar la síntesis de sus reflexiones y el enunciado del cuarto sueño que se plantearon por correo electrónico a: drgcartapastoral@gmail.com

 

 

Oración

 

Señor Jesucristo,

al celebrar 60 años de la diócesis de Río Gallegos,

reconocemos tu presencia en nuestra historia.

 

Queremos darte gracias porque has permanecido con nosotros:

en la trasmisión de la fe y en la celebración de la Pascua,

en el encuentro fraterno y la oración de nuestras comunidades,

en la solidaridad y el servicio a nuestros hermanos más pobres.

 

Con San José, queremos ser una Iglesia que sueña con los pies en la tierra,

Que tenga pastores con olor a oveja,

Que acoja y defienda a los excluidos y descartables de la sociedad,

Que tenga un aire festivo y alegre más allá de las dificultades,

Queremos ser una Iglesia servidora, de puertas y corazones abiertos,

que recibe la vida como viene.

 

Una Iglesia con animadores de comunidades

que comparten la vida cotidiana con el pueblo.

Queremos ser una Iglesia lugar de encuentro, casa de fraternidad,

y fábrica de sueños y proyectos,

porque somos herederos de evangelizadores audaces

que anunciaron el Evangelio en nuestras tierras con creatividad y pasión.

 

A nuestra Madre, María Auxiliadora,

a San José y a nuestro patrono San Juan Bosco,

confiamos toda la vida de la diócesis.

Amén.

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[1]  Según la Bula Ecclesiarum omnium, de San Juan XXIII, 10 de abril de 1961

[2] Pax. Beloved, Catholic Art & Gifts, Lámina de San José, modelo de humildad. Elegí esta imagen como portada; San José le está atando las sandalias al Niño Jesús. Le pedimos a San José que también prepare nuestros pies para seguirlo por los caminos de los sueños de Dios; que seamos una Iglesia callejera, que sale al encuentro de los que sufren. Nos dice Francisco: Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos. (Encíclica Fratelli Tutti 8)

[3] Cfr. Francisco, Carta Patris cordis, Ciudad del Vaticano, 8 de diciembre 2020

[4] Cfr. Francisco, Momento extraordinario de oración en tiempos de pandemia, Ciudad del Vaticano, 27 de marzo de 2020

[5] García Cuerva, Jorge, Homilia IV domingo de Pascua, Río Gallegos 25 de abril 2021

[6] Cfr. Mateo 1, 20-25; 2, 13-15; 2, 19-23

[7] Cfr. Butler, Alban, Vida de los Santos, edición en español, Chicago, 1965, pág. 201 y ss

[8] Camus, Albert, La Peste, Buenos Aires 1984, pág 176

[9] Mt. 2, 13.20

[10] Benedicto XVI, Homilia, Ciudad del Vaticano 7 de enero de 2007

[11] Cfr. Francisco, Discurso al inicio del Sínodo dedicado a los jóvenes, Ciudad del Vaticano, 3 de octubre de 2018

[12] Francisco, Discurso nuevos obispos tierra de misión, 8 de septiembre 2018

[13] Francisco, Visita a la Parroquia romana de Santo Tomás Apóstol,  Roma 16 de febrero de 2014

[14] Cfr. Francisco, Carta al cardenal Marc Ouellet, Ciudad del Vaticano, 19 de marzo 2016

[15] En algunas comunidades, la participación de los laicos quedó reducida a buscar sacerdotes o diáconos para celebrar los sacramentos en los días en que el párroco se ausenta de la parroquia.

[16] Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium 102, Ciudad del Vaticano 2013

[17] Les recomiendo vivamente la lectura del documento Antiquum ministerium con el que Francisco instituye el ministerio de Catequista; Motu proprio Antiquum ministerium, Ciudad del Vaticano, mayo 2021

[18] Una máxima o fórmula latina muy antigua dice: Quod omnes tangit, ab omnibus tractari et approbari debet (“Lo que a todos toca, debe ser tratado y aprobado por todos”)

[19] Cfr. Mateo 1, 24; 2, 13. 19. 22

[20] Francisco, Carta a los participantes de la 105 asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, abril 2013

[21] Con esta palabra, se quiere expresar que hemos experimentado primero en la propia vida la misericordia de Dios que necesariamente nos tiene que hacer más buenos y misericordiosos con los demás.

[22] Cfr. Hechos de los Apóstoles 10, 34-35

[23] Francisco, Mensaje de la Jornada mundial de las misiones 2017, La misión en el corazón de la fe cristiana, Ciudad el Vaticano 2017

[24] Camus, Albert, Op Cit, pág 232

[25] Cfr. Francisco, Op. Cit. 261, Ciudad del Vaticano 2013

[26] Francisco, Discurso en la catedral  evangélica luterana de Riga, Letonia, 24 de septiembre de 2018

[27] Francisco, Mensaje por la 58 Jornada mundial de oración por las vocaciones, Ciudad del Vaticano 2021

MATERIALES para la reflexión de la Carta Pastoral "Con San José, una Iglesia que sueña con los pies en la tierra".  

Presentación de la Carta Pastoral el día de su publicación (24-05-2021)

- Video del Obispo.

Presentación de la Carta Pastoral a los agentes pastorales (29-05-2021)

- Power point en PFD:  Descargar AQUI

- Video de la charla del Obispo.

- "... sugiero completar este ppt con el VIDEO del Papa Francisco con el mensaje por los 60 años de la diócesis donde introduce a la idea de los sueños. Y también buscar la canción "Alrededor del Fuego" de la murga uruguaya Agarrate Catalina" https://www.youtube.com/watch?v=e-nWBAAQQPA

Presentación de la Carta Pastoral a los Catequistas (05-06-2021)

- Power point en PFD:  Descargar AQUI

- Video de la charla del Obispo.

ARTÍCULOS DE PRENSA sobre la Carta Pastoral "Con San José, una Iglesia que sueña con los pies en la tierra".  

28-05-2021 (AICA) Río Gallegos: "Con San José, una Iglesia que sueña con los pies en la tierra"

https://aica.org/noticia-rio-gallegos-con-san-jose-una-iglesia-que-suena-con-los-pies-en-la-tierra

31-05-2021 (ACIPRENSA) San José nos enseña a ser una Iglesia que sueña con los pies en la tierra, afirma obispo

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